El mismo martes electoral en Texas genera lecturas radicalmente distintas en Washington, Ciudad de México y en el propio Estado de la Estrella Solitaria

Lo que las primarias del 3 de marzo dicen según desde dónde las leas

Hay elecciones que son un trámite y elecciones que son una radiografía. Las primarias del 3 de marzo en Texas pertenecen a la segunda categoría. Cuando un estado del tamaño de Texas —cuarta economía del mundo si fuera un país independiente, según cifras del Banco Mundial— define sus candidatos al Senado federal, el resultado no se queda dentro de sus fronteras. Viaja. Y según dónde aterrice, la historia que cuenta cambia de forma notable.

Repasemos lo que ocurrió: en el bando demócrata, el representante estatal James Talarico ganó las primarias para la nominación al Senado de Estados Unidos. En el bando republicano, el senador titular John Cornyn y el fiscal general Ken Paxton obtuvieron los dos primeros lugares y se dirigirán a una segunda vuelta para definir la nominación del partido. Y en el distrito congresional donde se esperaba una victoria cómoda, el representante Dan Crenshaw perdió ante el candidato Steve Toth, en una derrota que llamó la atención precisamente porque Crenshaw no contó con el respaldo del expresidente Donald Trump.

Tres datos. Tres prismas. Tres historias.


Desde Washington se ve así

Para los analistas del establishment político en la capital federal, la narrativa dominante es la del rumbo del Partido Republicano. La contienda Cornyn-Paxton es, en este encuadre, un duelo que trasciende a Texas: es la pregunta de si el GOP sigue siendo el partido de las instituciones o el partido de la confrontación permanente con ellas.

Cornyn, senador desde 2002 y exlíder de la mayoría republicana en el Senado, representa para este sector lo que queda de la tradición legislativa del partido: negociación, procedimiento, acuerdos bipartidistas ocasionales. Paxton, en cambio, llegó a las primarias con el aval de figuras asociadas al ala más combativa del movimiento MAGA y con un historial de fricciones institucionales que incluye un juicio político en la Cámara estatal de Texas —del que fue absuelto por el Senado estatal en 2023— y una serie de investigaciones federales que sus aliados describen como persecución política y sus críticos como señales de alarma.

En este análisis, la derrota de Crenshaw —un veterano de la Marina, moderadamente alineado con Trump pero con posiciones propias sobre política exterior— refuerza la lectura: en las primarias republicanas de Texas, la lealtad al movimiento pesa más que la trayectoria individual. Crenshaw no fue derrotado por un escándalo ni por una mala gestión. Fue derrotado, según esta perspectiva, por no haber obtenido la bendición del expresidente.

Desde Washington, la pregunta que queda flotando es: ¿qué tipo de senador republicano quiere Texas en 2025?


Desde el interior de Texas se ve así

Pero salir de Washington y aterrizar en Houston, San Antonio o el Valle del Río Grande cambia el ángulo de visión de manera considerable.

Dentro del estado, una parte relevante de la conversación política gira alrededor de quién representa mejor los intereses locales en un momento en que Texas enfrenta presiones migratorias en su frontera sur, tensiones sobre agua y energía, y una economía que crece a ritmos que el gobierno estatal atribuye a sus políticas de baja regulación y que los demócratas atribuyen a factores estructurales ajenos a la gestión republicana.

Desde esta perspectiva, la victoria de Talarico en las primarias demócratas tiene una lectura específica: es la apuesta del partido por un candidato joven, progresista en su retórica pero con experiencia legislativa estatal, que pueda hablar tanto al electorado urbano de Austin —su distrito de origen— como al votante suburbano que en 2018 y 2020 mostró señales de movimiento hacia el centro-izquierda en el estado. La pregunta que los demócratas de Texas se hacen no es si pueden ganar el Senado este ciclo —las encuestas no lo sugieren— sino si pueden construir una base para ciclos futuros.

En cuanto a la segunda vuelta Cornyn-Paxton, hay texanos para quienes esta no es una batalla ideológica sino una disputa sobre credibilidad institucional local. Cornyn tiene décadas de relaciones con el tejido empresarial y político del estado. Paxton tiene una base activada y leal, pero también un expediente de controversias que, en la opinión de algunos republicanos texanos de peso, podría debilitar al partido en noviembre frente a un electorado independiente que sigue creciendo en los suburbios de Dallas, Houston y Austin.

Desde Texas, el termómetro mide otra temperatura: la de un estado en transición demográfica y económica que aún no sabe si su política va a cambiar más rápido o más lento que su población.


Desde Ciudad de México se ve así

Y luego está la mirada desde el sur del Río Bravo, donde las primarias de Texas no son una noticia electoral sino una noticia de política exterior y relaciones bilaterales.

México sigue con atención estructural todo lo que ocurre en Texas, el estado con el que comparte la frontera más activa del hemisferio occidental en términos de comercio, migración y cooperación en seguridad. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá —el T-MEC— tiene en Texas uno de sus puntos neurálgicos: el estado es el primer destino de exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, con un flujo que en 2023 superó los 100,000 millones de dólares, según datos de la Secretaría de Economía de México.

Desde Ciudad de México, la pregunta no es quién ganó las primarias sino qué tipo de agenda llevará al Senado el candidato republicano que finalmente emerja. Una agenda Cornyn —con su historial de participación en negociaciones migratorias y comerciales— genera expectativas distintas a una agenda Paxton, cuyo perfil es percibido en círculos gubernamentales mexicanos como más confrontacional en temas fronterizos.

Este ángulo se vuelve más relevante si se considera que México atraviesa simultáneamente su propia reforma electoral y gestiona su posición ante la crisis en Medio Oriente —dos agendas que le exigen capital diplomático y que hacen de la estabilidad en la relación bilateral con Washington una prioridad, no una opción.

Desde el sur, las primarias de Texas son, antes que nada, un indicador sobre el tipo de vecino con el que México tendrá que negociar en los próximos años.


Lo que las tres miradas tienen en común

Tres perspectivas, un solo martes electoral. Desde Washington, una batalla por el alma del Partido Republicano. Desde Texas, una negociación entre identidad política y pragmatismo local. Desde Ciudad de México, un indicador de las condiciones para la relación bilateral más importante del hemisferio.

Lo que las tres lecturas comparten es la certeza de que lo que ocurra en la segunda vuelta republicana entre Cornyn y Paxton, y lo que haga Talarico con su nominación demócrata, importa más allá de Texas. Las primarias no son el final de la historia. Son, como siempre, el principio.

El lector decidirá cuál de estas tres historias le parece la más urgente. Las tres, sin embargo, son verdaderas al mismo tiempo.


Arturo Jiménez es editor senior de Registro News y columnista de perspectivas cruzadas. Cubrió procesos electorales en doce países de América Latina durante dos décadas.


Por Arturo Jimenez